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Editorial Santillana entregó libros a centros infantiles del Patronato San José

Editorial Santillana entregó libros a centros infantiles del Patronato San José

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Noviembre 10 de 2016

La mañana de este jueves 10 de noviembre de 2016, en el 'Hogar de Paz' perteneciente al Patronato San José, se dieron cita autoridades representantes de Editorial Santillana, Educadoras de los centros infantiles del Patronato Municipal San José, madres de familia, niños y niñas usuarios de Hogar de Paz, para recibir 70 bibliotecas que fueron entregadas por Grupo Santillana, como parte de su programa de responsabilidad social “Crecer Santillana”.

María Fernanda Pacheco, presidenta de la Unidad Patronato Municipal San José, agradeció la entrega de los libros, material que reforzará las metodologías de educación que reciben los niños. 
 
“Fomentar la lectura en los niños garantiza un futuro con mayores oportunidades, agradecemos a Editorial Santillana, por este valioso aporte a nuestros niños”, dijo María Fernanda.
 
Las 70 bibliotecas formarán parte del material de apoyo que usarán las educadoras en sus actividades con más de 5900 usuarios, en los talleres para fortalecer sus destrezas de lenguaje y comunicación. 
 
Constanza Mojica, jefe de marketing y comunicación del Grupo Santillana, mencionó que la empresa tiene como principal objetivo apoyar a la niñez que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

http://prensa.quito.gob.ec/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=22494&umt=Editorial%20Santillana%20entreg%C3%B3%20libros%20a%20centros%20infantiles%20del%20Patronato%20San%20Jos%EF%BF%A9

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Proyecto Escuela-Granja

PROYECTO ESCUELA-GRANJA

El Programa Crecer Santillana en conjunto con la Fundación Cecilia Rivadeneira y Directv, formó parte de los trabajos de adecuación, decoración, pintura y señalética del Proyecto Escuela -Granja que beneficia a niños y niñas que luchan diariamente contra enfermedades catastróficas.

Los invitamos a ver toda la serie, la misma que se transmitirá los domingos a las 11h30 a través de DIRECTV.

Escuela-Granja

 https://www.facebook.com/generaciondtv/?fref=ts

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Cuentos para niños malos

Cuentos para niños malos

Cuentos para niños malos

Septiembre 22 de 2016

Esta Navidad pienso regalar cuentos infantiles. Pero sólo cuentos políticamente incorrectos.

Mi autor infantil favorito, Roald Dahl, es uno de los más irreverentes. Su cuentoMatilda, con el que Danny DeVito hizo una película, es un alegato contra la familia y el colegio. El padre de Matilda es repulsivo. Odia la lectura y ama la televisión. Se dedica a las estafas de poca monta. Y cuando tiene que huir de la policía, no le importa abandonar a su hija. Pero mucho peor es la directora de la escuela, la temible señorita Trunchbull, que simplemente odia a los niños y dedica su institución a torturarlos.

Otro cuento de Dahl, Las brujas, aterrorizaría a cualquier chico, y a muchos de sus padres. Las brujas son calvas, tienen garras en vez de manos, y se organizan en un siniestro sindicato internacional para eliminar a los niños de la faz de la tierra. Y en el más popular de sus libros, Charlie y la fábrica de chocolate, Dahl pinta castigos horrendos e irreversibles para los niños que se portan mal.

Los autores de libros infantiles sabemos que hoy día no se puede escribir nada de esto. Los editores están en guardia contra cualquier sospecha de valores inadecuados. Los libros infantiles no son considerados objetos de placer o entretenimiento, sino modelos de conducta. Las familias descritas deben ser agradables, y las profesoras, atentas. Los niños no deben recibir castigos, sino aprender la lección mediante el diálogo. Y los malos tienen que perder miserablemente, aunque sin violencia.

Todos esos principios son muy loables, pero pueden producir libros aburridos. Por el contrario, a lo largo de la historia, los cuentos infantiles han sido bastante irreverentes, incluso crueles.Pulgarcito, por ejemplo, debe ser la pesadilla de un educador. Sus padres lo abandonan en medio del bosque para no tener que alimentarlo, y él engaña al ogro para que decapite a su vez a sus propios hijos. Finalmente, Pulgarcito le roba sus tesoros al ogro. Y sólo gracias al botín, sus padres lo vuelven a recibir en casa, porque el niño ya sale rentable.

Con notable frecuencia, estos cuentos son censurados y reescritos. Hace un par de años compré un ejemplar en el que Pulgarcito no era abandonado, sino que se perdía en el bosque. Por su parte, el ogro no tenía familia y moría por accidente. Así, el botín de Pulgarcito ya no era producto de un robo, sino, digamos, de haberse encontrado un tesoro sin dueño tirado por ahí.

Pero los “malos ejemplos” están por todas partes: ¿Qué hacemos con la bruja antropófaga que muere quemada en Hansel y Gretel? Podríamos ponerla vegetariana, y matarla de una neumonía. ¿Y los valores sexistas de los cuentos de princesas? Quizá en vez de princesas deberíamos poner ejecutivas de transnacionales. ¿Y qué hay del prejuicio contra las familias modernas enCenicienta? A lo mejor, en vez de madrastra, la mala debe ser “una amiga de la familia”. Así nos aseguraríamos de transmitir valores sanos… Y cuentos insoportables.

Pensemos qué pasaría en la gran literatura si tuviese que limitarse a las lecciones edificantes. A lo mejor debemos cambiar al pederasta de Lolita por una tía cariñosa. Y darle a Madame Bovary una vida sexual sana y satisfactoria. Y en vez del ejecutivo asesino en serie de American psycho, tendríamos que poner a un jardinero macrobiótico. ¿Absurdo? ¿Y por qué no es absurdo con los niños? ¿No confiamos en ellos?

No. No confiamos en nosotros mismos.

El férreo control de contenidos editoriales infantiles no protege a los niños, sino a los padres. Tenemos miedo de las preguntas incómodas. Nos asusta ser incapaces de explicar por qué esos padres abandonan a sus hijos o esas madrastras son malas (aunque durante siglos ha bastado la frase “porque es un cuento, hijo”). En suma, tenemos miedo de hablar con nuestros propios hijos. Pero precisamente para eso se hacen los libros: para pensar, imaginar y discutir.

Si eliminamos de los libros todo lo que nos parezca inapropiado, no salvaremos a nuestros hijos de las malas ideas. Al contrario, los volveremos incapaces de reconocerlas. Lo que sí lograremos es que los chicos abandonen la lectura y se entreguen a la PlayStation, donde pueden matar a un montón de gente sin que nadie se queje.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/12/12/eps/1386863438_705610.html?id_externo_rsoc=whatsapp