| Saramago reivindica la figura del hermano malo en su obra |
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El octogenario escritor portugués vuelve a alzar su pluma contra la Iglesia Católica. Esta vez se vale de Caín para arreglar cuentas con su propia idea de Dios. Cuando Dios decidió quemar Sodoma porque los hombres “tenían gustos sexuales muy suyos”, pactó con Abraham que si encontraba a 10 inocentes salvaría la ciudad. Pero Dios la quemó, “no se enteró de si había 10 u 11”, ni siquiera se dio cuenta de que olvidaba a los niños, inocentes todos de ese ‘pecado’. “La fe pertenece a otro dominio de la mente” en el que Saramago no se mete. “Yo uso mi razón, mi lógica”. Al hablar por primera vez de la novela en Peñafiel, una pequeña localidad del norte de Portugal, el autor de ‘Ensayo sobre la ceguera’ describió la Biblia como “un manual de malas costumbres”, y no sentó bien. Pero lo cierto es que en el texto sagrado del cristianismo hay “una crueldad infinita, no faltan los incestos y las carnicerías” y se pueden contar más de 1 millón de asesinatos. Tratada por reconocidos genios de la literatura como Lord Byron o John Steinbeck, la historia de Caín, que mató a su hermano Abel porque Dios no aceptó su sacrificio y fue condenado por ello a vagar eternamente, ha desatado un sinfín de interpretaciones. Desde las más estrambóticas que lo tachan del primer vampiro hasta las más racistas, que abogan por que el estigma con que Dios marcó su frente se fue extendiendo de generación en generación hasta oscurecer todo el cuerpo de los malvados “cainitas”. En la novela de Saramago, Caín se convierte en un guía privilegiado que aporta su particular lectura sobre los principales episodios bíblicos, desde el sacrificio de Isaac por Abraham, la ira de Moisés en el monte Sinaí o el Diluvio Universal. A ojos de Caín, Dios se presenta como un ser caprichoso y tirano, que en realidad revela una visión demoledora y trágica del ser humano que lo inventó. No es la primera vez que Saramago abre el debate sobre los dogmas. Ya lo hizo hace casi 20 años con su polémico ‘Evangelio según Jesucristo’, y la airada reacción del Gobierno, que vetó su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, hizo que el Nobel se instalara como protesta en la isla española de Lanzarote, donde reside en la actualidad. A sus 86 años el escritor se ha planteado muchas veces por qué escribe y para qué, y tiene muy clara una cosa: “Yo no escribo para agradar, tampoco para desagradar; yo escribo para desasosegar. (...) No estoy intentando salvar a la humanidad, ya es bastante salvar mi propia conciencia”. El objetivo de su escritura es sacar de su “aborregamiento” a la sociedad. Confiesa que le sorprende el revuelo por ‘Caín’ en Portugal y que no entiende la reacción de la Iglesia, que es “como los perros de Pavlov”, responde inmediatamente al estímulo sin haber leído el libro. Sin embargo, Saramago está en una etapa muy fecunda -hace apenas un año publicó ‘El viaje del elefante’- y no piensa detenerse. Y, contra su costumbre, adelantó el tema de su próximo libro, en el que arremeterá contra la industria del armamento. |
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